

Para describir a un Perú de primera, me imagino una sociedad hermana. Una sociedad en la que ya nadie busca su propio beneficio personal, sino el beneficio de toda la comunidad. Me imagino a las personas ayudándose unas a otras, sin temores ni prejuicios, entendiendo por fin que todos somos iguales, sin importar el apellido o el color de piel.
Un Perú en donde una persona pueda saludar fraternalmente a la otra, con un cordial “buenos días” y una sincera sonrisa de labios, puesto que, aunque no se conocen, todos somos peruanos.
Veo un Perú más justo, donde ninguna persona es olvidada ni relegada y todas las voces son escuchadas. Asimismo, veo un país donde las personas no están orgullosas de ser peruanas sólo en Fiestas Patrias o en un partido de fútbol o vóley, sino en los 365 días del año. Un país donde el Estado no gobierna para unos pocos, sino para los más de 28 millones de peruanos y cada uno de ellos se siente orgulloso de pertenecer a este gran país llamado PERÚ.
